HIJOS DEL JUEVES
HIJOS DEL JUEVES -¡Linea! -gritó el posadero dirigiéndose a la contrahecha anciana -¡Vuelve al hueco! Ni qué decir tiene que siguió avanzando hacia el centro de la sala, sus ojos ávidos conectando los puntos entre el señor Lundgren, el caballero de los anteojos con los zapatos manchados de estiércol, aquella monja cuyo rostro áspero y autoritario me recordaba al de mi abuela y yo. Salté de mi asiento impulsada por la incredulidad y la evidente falta de juicio que ha marcado en tantas ocasiones el rumbo de mi vida. Es cierto que había ido allí guiada por aquel sueño que se me había antojado perturbadoramente real, pero lo cierto es que me había preparado para ser desilusionada, no para que mis fantasías fueran satisfechas. Padre a menudo dice que tenemos que tener cuidado con lo que deseamos, porque puede hacerse realidad. Qué razón tiene. Sin ápice de vergüenza ni decoro, caminé hacia ella con el brazo extendido terminado en un tembloroso dedo índice que la señalaba exactamente c...
